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 Fue vecina nuestra durante aos en Londres, donde siempre se la consideró una mujer
respetable  se sintió obligado a decir Rob, aunque nunca le haba cado bien.
 As ser, mozalbete, pero hoy mi hermana es una tunanta que prefiere revolcarse con
cualquiera antes que trabajar para ganarse el pan. Bscala en el barrio de las putas.
Sacando una barra al rojo vivo de las ascuas, Sweeter terminó la conversación a martillazos,
de modo que una desenfrenada lluvia de chispas siguió a Rob y a Barber hasta la puerta.
Llovió una semana seguida mientras se abran camino costa arriba. Una maana salieron a
rastras de sus hmedas camas bajo el carromato, y descubrieron un da tan suave y
glorioso que olvidaron todo salvo su buena fortuna de ser libres y bienaventurados.
 Demos un paseo por el mundo inocente!  gritó Barber, y Rob supo exactamente que
quera decir, pues a pesar de la terrible urgencia de encontrar a sus hermanos, era joven,
sano y cargado de energas en aquel da esplendoroso.
Entre toques del cuerno cantaban exuberantes himnos y tonadas maliciosas, una seal de
su presencia ms audible que cualquier otra. Rodaba despacio por un sendero arbolado que
les proporcionaba alternativamente la clida luz del sol y la fresca sombra, con mil distintos
tonos de verde.
 Que ms puedes pedir?  dijo Barber.
 Armas  respondió Rob al instante.
A Barber se le borró la sonrisa.
 No pienso comprarte armas  dijo con tono cortante.
 No necesariamente una espada. Pero me parece sensato llevar una daga, pues en
cualquier momento pueden atacarnos.
 Cualquier salteador de caminos lo pensara dos veces antes de asaltarnos, porque somos
dos hombres fornidos.
 Es a causa de mi estatura, precisamente. Cuando entro en una taberna los hombres ms
menudos que yo me miran y piensan: "Es grandote, pero de una estocada se le pueden
parar los pies , y se llevan la mano a la empuadura de sus armas.
 Y despus se dan cuenta de que vas desarmado y comprenden que eres un cachorro que
no ha llegado a mastn a pesar de su tamao. Entonces se sienten muy tontos y te dejan en
paz. Con un pual en el cinto, moriras en quince das.
Siguieron su camino en silencio.
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Siglos de violentas invasiones haban hecho creer a todos los ingleses que eran soldados. La
ley no permita que los esclavos llevaran armas, y los aprendices no podan permitirse ese
lujo, pero cualquier otro varón exteriorizaba su condición de nacido libre por el pelo largo y
por las armas que portaba.
"Claro que un hombre pequeo con un arma puede matar fcilmente a un joven corpulento
sin ella , se dijo Barber.
 Tienes que saber manejar las armas cuando te llegue el momento empuarlas  decidió .
Esa es una parte de tu instrucción que hemos descuidado. Por tanto, comenzar a
adiestrarte en el uso de la espada y la daga
Rob sonrió de oreja a oreja.
 Gracias, Barber.
En un claro, se pusieron frente a frente, y Barber sacó la daga del cinto.
 No debes empuarla como un nio que quiere apualar hormigas Equilibra la hoja en la
palma hacia arriba, como si tuvieras la intención de hacer malabarismos. Los cuatro dedos
se cierran alrededor del mango. El pulgar puede quedar plano a lo largo del mango o cubrir
los dedos, dependiendo de la trayectoria que se imprima a la hoja. La peor y de la que ms
hay que protegerse, es la que va de abajo arriba.
El luchador con cuchillo dobla las rodillas y se mueve ligeramente sobre sus pies, listo para
saltar hacia adelante o hacia atrs. Listo para zigzaguear con el fin de evitar la pualada del
agresor. Listo para matar, pues este instrumento se usa para el cuerpo a cuerpo y el trabajo
sucio. El metal con que est hecho es tan bueno como el de un escalpelo. Una vez que te
has entregado a cualquiera de los dos, debes cortar como si de ellos dependiera la vida, que
es lo que suele suceder.
Devolvió la daga a su vaina y entregó su espada a Rob, quien la sopesó, sostenindola
delante de el.
 Romanus sum  dijo en voz muy baja.
Barber sonrió.
 No, no eres un puetero romano. Al menos con esta espada inglesa.
la romana era corta y puntiaguda, con dos bordes de acero afilados. A ellos les gustaba
pelear de cerca, y a veces la usaban como una daga. Pero esto es un sable, Rob J., ms
largo y ms pesado. La mejor de las armas, que mantiene a nuestro enemigo a distancia. Es
una cuchilla, un hacha que corta seres humanos en lugar de rboles.
Recuperó la espada y se alejó de Rob. Sujetndola con ambas manos, pero mientras la hoja
destellaba y relumbraba en amplios crculos mortales, al acuchillar la luz del sol.
De improviso se detuvo y se inclinó sobre el sable, sin aliento.
 Prueba tu  le dijo, y le entregó el arma.
Escaso consuelo fue para Barber advertir cuan fcilmente su aprendiz empuaba el pesado
sable con una mano. "Es el arma de un hombre fuerte pensó con cierta envidia , ms
eficaz cuando se la usa con la agilidad de juventud.
A imitación de Barber, Rob la esgrimió y empezó a dar vueltas por el pequeo claro. La hoja
silbaba a travs del aire, y un ronco grito ajeno a su voluntad salió de su garganta. Barber
lo observaba, ms que vagamente perturbado, mientras barra a una invisible hueste a
cintarazos.
La siguiente lección tuvo lugar varias noches ms tarde, en una abarrotada y bulliciosa
taberna de Fulford. Unos traficantes de ganado ingleses, de una caravana de caballos que
iba hacia el norte, se encontraron all con los boyeros daneses de una caravana que viajaba
al sur. Ambos grupos pasaran la noche en el lugar; ahora beban copiosamente y se
observaban entre si como manadas de perros de ria.
Rob estaba con Barber, bebiendo sidra, y no se senta incomodo. No era una situación
nueva, y saban lo suficiente como para no dejarse llevar por el espritu combativo.
Uno de los daneses salió a aliviar la vejiga. Al volver, acarreaba un cochinillo chillón bajo el
brazo, y una cuerda. Ató un extremo de la cuerda al cuello del lechón y el otro a una estaca
hincada en el centro de la taberna. A continuación golpeo la mesa con una jarra.
 Quien es lo bastante hombre para jugar conmigo al cerdo atascado?  grito en dirección
a los boyeros ingleses.
 Ah, Vitus!  grito, alentador, uno de sus compaeros, y comenzó a golpear su mesa, a lo
que se unieron rpidamente todos sus amigos.
Los ingleses escucharon ceudos el martilleo y las pullas; despus, uno de ellos se
encaminó a la estaca y movió la cabeza afirmativamente.
Media docena de los parroquianos ms prudentes de la taberna tragaron sus bebidas y
abandonaron el local.
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Rob haba empezado a incorporarse, siguiendo la costumbre de Barber de alejarse de
cualquier sitio antes de que hubiera camorra, pero se sorprendió cuando su amo le apoyó
una mano en el brazo para que volviera a sentarse.
 Dos peniques por Dustin!  gritó un boyero ingls.
En breve los dos grupos se afanaban en apostar. Los dos hombres eran ms o menos
equiparables. Ambos parecan estar en la veintena. El dans era ms robusto y algo ms
bajo, mientras que el ingls tena el alcance de brazo ms largo.
Les vendaron los ojos con trapos y los ataron a la estaca, en sitios opuestos, mediante una
cuerda de tres yardas de largo que rodeaba sus tobillos
 Un momento  pidió Dustin . Otro trago!
Sus amigos lo aclamaron, y cada uno de ellos le llevó un vaso de hidromiel, que el se echo
rpidamente al coleto.
Los hombres con los ojos vendados desenvainaron sus dagas.
El cerdo, al que haban mantenido en ngulo recto con respecto a ambos, fue depositado en
el suelo. Inmediatamente, el animal intento huir pero, atado como estaba, solo pudo correr
en crculo.
 Dustin, el muy cabrón se acerca!  grito alguien. [ Pobierz całość w formacie PDF ]

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